jueves, 15 de septiembre de 2011

Tremenda inspiración.

Para el segundo trabajo de escritura hemos elegido como inspiración el tremendismo. Dedicaremos esta entrada a explicaros muy brevemente algunas de las características del género.
Aparece en la novela, durante la primera década de posguerra española, en un marco oscuro que lo impregna todo. Son tres en los elementos más destacables: el argumento, la expresión y los personajes. En los tres casos destacan la brutalidad, la violencia, los defectos. Podría decirse que el tremendismo es la literatura de la vida, de la parte fea de la vida.
Sugerimos para un acercamiento más profundo la primera obra, y quizás la más significativa del tremendismo: "La familia de Pascual Duarte", de Camilo José Cela. A continuación os dejamos un enlace donde podeis leer la obra online, aunque como siempre recomendamos el formato tradicional, el libro de toda la vida.



lunes, 5 de septiembre de 2011

Primer ejercicio: escena de drama lorquiano


Y por fin, con mucha ilusión, presentamos el primer ejercicio de nuestro taller de escritura: dramas lorquianos. No hemos sido excesivamente estrictas al respecto, el tema se trató simplemente de un punto de partida, a mercer de nuestra imaginación y como siempre de nuestros deseos más profundos. Se trata de nuestro pequeño homenaje a Lorca, a raíz del 75 aniversario de su asesinato.
Así que, sin más preámbulos os dejamos nuestras escenitas de drama lorquiano y esperamos que os gusten. Una vez más, pasen y vean.


HISTORIA COTIDIANA DE LA TRISTEZA

Drama lorquiano en una escena y un epílogo.

Personajes

La madre

La hija

La novia


Escena primera

Un tono rojo sangre tiñe el frescor de la madrugada. A lo lejos se escucha el canto de un gallo, el primer canto de la mañana. En la humilde casa de nuestras protagonistas un fuerte olor a café impregna el ambiente.
Mirando el infinito que se asoma a la ventana y sentada frente a una taza de café que no bebe, una joven intenta fundir la memoria y el olvido. Aparece en la sala otra mujer, mayor, vestida con un traje de luto que esconde un corazón reseco a fuerza de disgustos y desesperanzas. La mujer mira a su hija y calla.

HIJA: Hoy es el día, madre.
MADRE: Sí, hoy es el día. Anda y sírveme una taza de café. ( Breve silencio) ¿Llevas toda la noche despierta?
HIJA: Creo que me he llevado toda la vida dormida, madre, soñando con algo... algo que...
MADRE: ¡Ya calla, niña! Y si te vas a echar otra vez a llorar mejor te sales fuera y así al menos me riegas los geranios, que buena falta les hace.

La chica mira a la madre, sin asombro, ni rencor ni tristeza. La mira con ojos vacíos porque ya no es capaz de sentir nada.
Se levanta y va a servirle la taza de café a la mujer.

MADRE: Siempre te advertí que esto iba a acabar mal. Los pobres no tenemos derecho a tener sueños, nos acostamos con la espalda tan... y los pies y las manos tan... Nos acostamos tan cansados que las fuerzas ni para soñar nos dan.
HIJA: No se puede aprender en cabeza ajena, madre.
MADRE: ¡Pues hay que ser bruto para dejar que te rompan el alma cuando ya te habían advertido! Así nos va, no me extrañaría que cualquier día en vez de un burro pongan a un pobre para tirar del carro de los señores. ¡Hay que ser bruto!
HIJA: No hable así, madre, por favor. No me hable usted así que tengo ganas de morirme.
MADRE: ¿Ganas de morirte? ¡Claro! ¡Y dejarme aquí sola con todo el trabajo y el frío de las noches! Deja de decir tonterías y prepárate, nos necesitan en la casa del señor y no quisiera llegar tarde.
HIJA: ¡Madre, por favor! No me haga ir allí. Por Dios se lo suplico, no me obligue a entrar hoy en esa casa. No podría soportarlo, creo que me moriría.
MADRE: Pues si no quieres trabajar mejor que te mueras, porque a ver si no de qué ibas a comer. Aquí tienes un cuchillo, haz lo que te de la gana con él. Pero, si no vas a morirte, te recomiendo que te des prisa. Ya asoma el sol y tengo que tenerles preparado el desayuno a los señores... ¿Qué vas a hacer?

La muchacha suelta el cuchillo sobre la mesa y sale de la casa con su madre.


Epílogo

En mitad de la noche, las estrellas en el cielo despiden brillos escarlatas mientras la madre ronca ruidosamente, bien arropada en su cama.
En la casa de los señores, una hermosa joven, de cabellos negros y camisón níveo, espera intranquila, en el lecho nupcial, la llegada del novio que se retrasa.
Mientras tanto, la joven, hija de la mujer que ronca ajena a todo, camina lentamente hacia su casa, tropezando con los obstáculos que la oscuridad esconde, intentando contener con su pañuelo la sangre que resbala por sus muslos.
  • Inma




Sin título

La tarde es oscura. Parece que va a llover. En el interior de la casa, Luisa está en la cocina, sentada, pelando patatas para la cena con un cuchillo afilado hace tres días. Mientras, conversa con su madre, que lleva puesto sobre los hombros un mantón de lana gruesa de un color oscuro. Entra Jacobo y se sienta junto a su mujer y a la abuela.

Jacobo: Tú, mujer, sírveme un vaso de vino.

Luisa se levanta sin demora, dejando a un lado la patata a medio pelar, y va hasta la despensa donde guardan la vasija de vino y lo llena, pero no hasta arriba. Sabe lo que pasa cuando a Jacobo se le va la mano con el vino. Mientras regresa a la mesa con el vaso en la mano le pregunta

Luisa: ¿Fuíste a casa de la Pura? (se sienta, le da el vaso y se santigua). ¡Qué dolor más grande! Perder así a una inocente criatura.

Jacobo: De inocente nada, que la Purita era de lo más casquivano que había en el pueblo. Se veía venir que algo así pasaría antes o después. A saber con cuántos zagales se hablaba.

Luisa: Jacobo por Dios (se santigua de nuevo), no hables así de los muertos, desde luego, qué corazón más negro el tuyo.

Retoma la tarea de pelar las patatas.

Abuela: Niña, hay que ver lo que se parece Paco a su padre.

Luisa: ¿De qué Paco me habla, madre?

Abuela: De tu sobrino, de quién va a ser.

Luisa: Usted siempre le llamó Francisco, a qué viene eso de Paco ahora, además, sabe usted que Nicolasa nunca quiso decir quién era el padre, por aquello de que la tomaron estando sola en casa mientras los hombres estaban en el campo, ¿o no lo recuerda ya?

Abuela: Pamplinas, si lo vi el otro día yo, a Lorenzo, y ya te digo, igualito ha salido Paco a su padre.

Jacobo: Luisa escúchame.

Abuela: Dale recuerdos de mi parte si lo ves y que vaya con Dios.

Jacobo: ¿A qué hora es el entierro?

Luisa: Madre, que fue un bandido el que tomó el vientre de Nicolasa, se dio a la fuga

Abuela: Anda ya niña.

Jacobo: Luisa...

Luisa: Y nadie sabe quién es el padre

Jacobo: ¡Maldita sea Luisa! (pega un golpe en la mesa con la mano con la que sujeta el vaso que aún contiene vino y salpica) ¿Quiéres atender de una vez? ¿A qué hora es el maldito entierro?

Luisa: A las siete Jacobo (suelta el cuchillo), pero...

Jacobo: ¡No hay peros que valgan! La vieja esta ya, a ver si se muere también y nos deja tranquilos, que sólo hace comer e inventar, loco me tiene ya con sus majaderías (se levanta), ¡siempre igual!

Luisa (agacha la cabeza): Te prepararé la ropa para el entierro (se levanta y sale de la cocina).

Jacobo se queda en pie mirando a la abuela.

Jacobo: ¿¡Qué!?

Abuela: Hay que ver lo que se parece Paco a su padre.
-Lady Ankas

Sin título.

Personajes:
VICENTA
ABUELA
FEDERICO
VECINA


(Ya no entra luz por la ventana de la cocina, situada en la planta baja. A través de las rejas verde carruaje se ven las casas de la acera de enfrente.
Junto a la ventana hay una mesa cuadrada con cuatro sillas. FEDERICO y la ABUELA están sentados y comen. El mobiliario de la habitación, en blanco contrachapado, presenta en general un aspecto viejo y descuidado.)

VICENTA (entrando): ¡Ay, ay, ay, ay! Las diez de la noche y sin volver... ¡esta niña! ¡Me tiene más harta! (pone el pan en la mesa con un golpe. La ABUELA le da la vuelta).

ABUELA: Pon el pan derecho, niña.

VICENTA: ¡Ay, madre, déjame que estoy que ya no sé ni lo que hago! ¡Esta niña! Si estuviera el padre... ¡se va a enterar! ¡me va a oír!

FEDERICO: Pero ¿la quieres dejar? Que no está haciendo nada malo.

VICENTA (haciendo aspavientos): Tú te callas. ¿Te crees normal que con dieciocho años que tiene se pegue todo el día en la calle que la gente dice cosas y si me giro se callan?

FEDERICO: ¿Y qué van a decir? Es este pueblo de alcahuetas. Si tiene novio mejor que digan que lo tiene a que digan que lo pierde.

VICENTA: ¡Federico! Menos tonterías que me calientas.

ABUELA: ¡Ay, señor, llévame pronto!

VICENTA: ¡Novio ese! Y mira que el de Agustina la pretendía ¡eso es un novio! (coge un pellizco del pan y lo devuelve a la mesa. La ABUELA lo pone de nuevo al derecho).

ABUELA: Niña, el pan.

VICENTA: Madre, ¡que me dejes!

FEDERICO: Chico favor le haces tú a tu hija recomendándole al primaveras ese que es un suavón, lo que no le dan lo toma por la fuerza.

VICENTA (pelando una manzana verde): Envidia es lo que tienes porque tenéis la misma edad y él tiene estudios y un caballo. ¿Y tú? ¡Ja! Cogiendo aceitunas si se puede y si no... ¡Hambre, hambre! ¡Ay! Verde de envidia me pongo yo de Agustina. La niña es una callejera y tú... A ti no sé que te pasa que tienes edad de casarte... Menos amigotes, Federico, y más echarte novia. ¡Ea! ¡Ya me he cortado! Normal, ¡Si me vais a volver loca! (Se levanta abre el grifo y no sale una gota. Gritando) ¡A ver si arreglas esto! (Sale)

ABUELA (mirando por la ventana): Federico, hijo, mira la luna ¿La ves?

FEDERICO: No, abuela, no veo nada.

ABUELA: Sí, sí, mira la luna ¡Está verde!

FEDERICO (para sí): Cada vez ve peor la pobre... (en alto) Abuela, será una farmacia.

ABUELA: ¿Qué farmacia? ¡Es la luna! (se calla y hace como que oye) ¿Qué es eso? ¿Son caballos?

FEDERICO: No oigo nada, abuela, venga, (ayudándola a levantarse) vamos a la cama .

ABUELA (deteniéndose): ¡Ay, Federico! ¿Dónde está mi niña? ¿De quién son esos caballos? (Se tapa lo oídos. Federico la sujeta por los hombros)

VOZ EN OFF (desde la calle, a gritos): ¡Vicenta, Federico!¡Vicenta, Federico!

FEDERICO (asomándose por la ventana): ¿Qué?

VECINA (llorando): ¡Federico! ¡Sal! ¡Llama a tu madre! ¡Llama a la policía!

ABUELA: ¡Ay, señor! ¡Mi niña!

VICENTA (entrando): ¿Qué pasa, escandalosa? ¿Qué quieres a estas horas?

VECINA (llorando, sacude la reja de la ventana): Vicenta, por Dios, tu niña ¡ay! A tu niña y al novio les ha pegado un pinchazo el de Agustina ¡corre!

ABUELA (desmayándose): ¡Ay!

FEDERICO (atendiendo a la ABUELA): ¡Abuela! ¡Mamá, tú corre a ver qué ha pasado (VICENTA horrorizada, sale corriendo) Ahí tienes a tu joya, mamá. ¡Ahí la tienes! ¡Ay, mi hermana! ¡Ay, mi abuela! Vecina, ¿qué ha pasado?

(Cae el telón)
- Esther

Si decidís animaros y escribir vuestro propio drama, enviadlo a t_es@hotmail.es antes del 15 de septiembre y estaremos encantadas de publicarlo junto a los nuestros. 
Para nuestro próximo ejercicio hemos elegido el tremendismo como base. Se trata de escribir el final de una historia tremendista, solo el final; mostrar la realidad más cruda, más violenta, más desgarradora y porqué no, más fea.
Muy prontito os dejaremos alguna pistita más para que se os llene la pluma de fuerzas.

viernes, 2 de septiembre de 2011