Yo lo intenté, pero me topé con el peor enemigo: la hoja en blanco. De verdad que lo intenté, e intentándolo me vine a querer enterar de cosas que no entiendo. Entonces, en esta vorágine de frustración, empecé a escribir.
CORRESPONDENCIA.
¿Qué es esto? Esta falta de imaginación,
esta incapacidad para crear un símbolo,
esta frustración por no encontrarlo...
Señor Baudelaire: usted y Swedenborg se equivocaban.
No existen las correspondencias.
No existe el mágico mundo de lo intangible.
Este dolor no significa nada.
Todo está aquí.
Las correas: las hay en mi mano, las hay en mi cuerpo.
La piedra tampoco vive eternamente
aunque los hombres se empeñen
en vivir bajo la infinita losa de la ley.
No, definitivamente no existen
los Olimpos de lirios blancos.
Solo un cuerpo, muchos cuerpos,
cemento, cristal y barro.
No existen ideales ni valores supremos
y por eso ni los respeto ni los violo.
No.
Todas las cosas miserables de la vida
puede hacerlas aflorar un hombre con las manos,
como el arte, la pasión y la justicia.
Como el vino, la muerte, el humo y la sangre.
El pecado, las tumbas, los sesos.
El vampiro y las mujeres,
el asesino y las putas.
Los ciegos y el anarquista.
Baudelaire era un llorón,
un pijo y un cornudo.
Pero ¡ay! su sangre sobre los adoquines
se me antoja tan espesa como la mía.
Esther.