jueves, 10 de noviembre de 2011

Correspondencia.

Nosotras, aunque nos pese, somos así de informales. Primero fue la idea. Queríamos ofrecer un tributo a Baudelaire, a su simbolismo. Pero las ideas degeneran, y como somos unas degeneradas, nos fuimos alejando y alejando hasta que quién sabe si estamos más cerca de Baudelaire de lo que en principio pensamos.
Yo lo intenté, pero me topé con el peor enemigo: la hoja en blanco. De verdad que lo intenté, e intentándolo me vine a querer enterar de cosas que no entiendo. Entonces, en esta vorágine de frustración, empecé a escribir.

          CORRESPONDENCIA.


¿Qué es esto? Esta falta de imaginación,
esta incapacidad para crear un símbolo,
esta frustración por no encontrarlo...
Señor Baudelaire: usted y Swedenborg se equivocaban.
No existen las correspondencias.
No existe el mágico mundo de lo intangible.
Este dolor no significa nada.

Todo está aquí.
Las correas: las hay en mi mano, las hay en mi cuerpo.
La piedra tampoco vive eternamente
aunque los hombres se empeñen
en vivir bajo la infinita losa de la ley.
No, definitivamente no existen
los Olimpos de lirios blancos.
Solo un cuerpo, muchos cuerpos,
cemento, cristal y barro.
No existen ideales ni valores supremos
y por eso ni los respeto ni los violo.
No.

Todas las cosas miserables de la vida
puede hacerlas aflorar un hombre con las manos,
como el arte, la pasión y la justicia.
Como el vino, la muerte, el humo y la sangre.
El pecado, las tumbas, los sesos.
El vampiro y las mujeres,
el asesino y las putas.
Los ciegos y el anarquista.

Baudelaire era un llorón,
un pijo y un cornudo.
Pero ¡ay! su sangre sobre los adoquines
se me antoja tan espesa como la mía.

Esther.

Baudelaire o no Baudelaire.

Antes que nada, explicaros que parece ser que no entendí muy bien el objetivo de este último trabajo. Creí que se trataba de escribir algo de estilo baudeleriano; y lo intenté... Lo intenté todo: verso, prosa poética, incluso un artículo o ensayo (no sé muy bien qué nombre darle) que comenzaba diciendo que esperaba algún día arrepentirme de esas palabras pero que Baudelaire me aburre (hoy todavía no me arrepiento). Si hubiese sabido que se trataba de un texto simbolista hubiese tirado por derroteros más machadianos, haciendo más fácil este ejercicio.
Al final escribí este “poema” que no es para nada simbolista pero, al menos, me divierte y espero que a ustedes también. Así que, una vez más, pasen y vean (y, si encuentran con qué, disfruten):


BAUDELAIRE O NO BAUDELAIRE
Ay, ay, ay, que apesto a Romanticismo
y sé que ya mismo
voy a estar buscando a Jarifa
para cogerme de su mano,
besarle entera la boca
y lamerle los pechos de loca.
Ay, ay, ay, ¿qué son estas palabras?
Teresa, vida mía,
yo pensando en desenfreno y en orgías
y tú en tu casa,
de amor idealizada,
esperando a quien dice que te ama.
Pues mejor espera sentada
porque con Jarifa en una cama
las horas se transforman en semanas
y me olvido de la vida
y hasta de ti,
querida.
Ay Teresa, si yo te canto
pero Jarifa tiene tantos encantos
que yo, que he conocido
el Cielo y el Infierno entre sus piernas,
me he dado cuenta
que la mujer ideal
no se halla en una mirada angelical.
Ay, ay, ay, ¿qué me pasa?
Se me olvida que tú eres
la sacra ninfa que bordando mora
debajo de las aguas cristalinas,
que te veo
aérea como dorada mariposa
en sueño delicioso del deseo,
angélica, purísima y dichosa.
Todo eso se me olvidaba,
ya ves cuan ingrato es mi corazón
que no se acuerda de nada
cuando piensa en una ramera
desnuda sobre el colchón.
Y es que su cuerpo de fuego
me embriaga como el vino,
es una necia mujer
pero sus placeres son divinos.
Y ¿qué he de hacer?
Cómo podría yo escoger
entre el amor de Teresa,
toda virtud y pureza,
y el deseo de Jarifa,
que con sólo una mirada
llena mi cuerpo de lascivia.
¡Ay de mí, pobre poeta!
Este juego de amor
me está volviendo majareta.

Al menos, con toda esta confusión
he aprendido algo:
no sabré escribir como Baudelaire
pero como Espronceda me salgo.
Aunque, pensándolo bien,
parece que aquí también
tenemos algo del amigo B,
a saber:
tenemos a Jarifa,
una puta;
tenemos también un vampiro,
yo,
que bebo de la inspiración
de quienes abrieron sus propios caminos;
tenemos también presente
el símbolo del vino.
Pero no busquéis a Dios
porque él es demasiado fino
para aparecer en este torbellino
de vírgenes, putas y poetas.


Inma.