Se dijo, meneando su copa de coñac añejo, en su enorme mansión, propia de la más alta nobleza, que lo más probable era que en aquel preciso instante, toneladas de plebeyos estuviesen abandonando sus camas tiesas y poniéndose sus camisas raídas para recibir la dosis diaria de disciplina que necesitan.
Miró hacia atrás y ella aún estaba allí, desde la noche anterior, y por fin se iban a dormir.
Se dijo todo esto con una lata de cerveza de Lidl, en un piso que compartía con Cajasol.
Pero estaba de vacacione y ¡qué coño! era un rey.
Esther
No hay comentarios:
Publicar un comentario