jueves, 20 de septiembre de 2012

No sé qué hacer con este cuerpo mío,
sólo a mí se parece cuando besa.
Corro mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
recién peinada.
Quiero tomar de ti lo que más amo,
pues me sacaste la desesperación
que amenazaba con romperme los sentidos.
Las coplas enlazadas
                 ciñeron un collar a mi garganta
y hay un oscuro llanto que no suena.
Suena la soledad de dios.
Sentimos la soledad de dos,
luchando cuerpo a cuerpo con la muerte.
Esto es ser hombre:
horror a manos llenas.



Doña Inés Toxicológica

viernes, 14 de septiembre de 2012

Te dije
que nunca resistí las despedidas,
prefiero tu recuerdo por mi casa
y tal vez todo cicatrice, algún día,
como la herida cierra sus bordes.
Yo soy un clown sentimental
y llevo el alma en el ojal
de la solapa,
recuérdate que padesco
e padescí
las penas que non meresco.
Triste es la situación
del que gozó de buena compañía
y la perdió por un motivo u otro.
Amor está de su veneno armado,
no os engañen las rosas.








Luis García Montero, Luis Rosales, Dámaso Alonso, Marqués de Santillana, Nicanor Parra y Góngora.











Inma



Durante aquel fugaz instante en que te amaba
trabajé el aire,
se lo entregué al viento,
me encontré frente a mí en una encrucijada,
y mi enemigo me cayó encima
con todo el peso de mi carne.
Una sombra más leve y más sencilla
que nace de tus piernas, se adelanta
exhumando ateridas margaritas;
casi eres realidad, apenas nido
de la prisa, del humo, del ruido.














Todos los versos pertenecen a poemas de Ángel González.








Inma
Besas como si fueses a comerme.
Dicen que tienes veneno en la piel. 
Tu silencio inmortal quiere que grite
y diste hielo a mi cantar,
pero vives, y el alma enamorada
aunque tarde en el mundo te ha encontrado.

Sé que te querré sin preguntas,
corazón coraza.
Sé que me querrás sin respuestas.
Se puede tener, en lo más profundo del alma,
un corazón cálido,
y sin embargo puede ser
que nadie acuda a él.

(Pero él extiende sus brazos,
abre al fin los dos brazos
y se entrega completo)
Este cuerpo que Dios pone en mis brazos,
a la luz de mis dedos
que arden como cirios
lo veo.














Blas de Otero, Radio Futura, Machado, Carolina Coronado, Benedetti, Van Gogh, Vicente Alexaindre, Emilio Prados, Gerardo Diego








Esther
A embestidas suaves y rosas, la
madrugada te iba poniendo nombres.
Es dulce, a través de las brumas ver nacer
espesos goterones de mermelada y sangre
que en curiosos islotes convierte el empedrado.
Las aguas más profundas no están en silencio.

Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente una mala cosa.
Cuando duerman todos
saldré a la ventana.
Doce y media. Cómo ha pasado la hora.
La luna deja un cuchillo abandonado en el aire,
(Doce y media. Cómo han pasado los años.)
que siendo acecho de plomo quiere ser dolor de sangre.
He de morir de cosas así,
y todo cuanto po
demos hacer es seguir respirando.



Alberti, Baudelaire, Neruda, Rammstein, Bukowski, Machado, Kavafis, Lorca, Pizarnik e Ingrid Michaelson.




Esther

El río Guadalquivir va entre naranjos y olivos.
¡Y cómo siento el manantial aquí en mi corazón oscuro!
No se ve el agua.
-pero su presencia oscura
se baña
la desnudez eterna,
para la que el hombre es ciego.-
Los olivos subían y el río bajaba
Su callar es el mar, y su ceguera el cielo

Y gritas y brillas y saltas y te hundes y te oscureces,
 te encoges, te dilatas.
Hablas todas las lenguas y te callas.
Lloras intensamente.
Y yo, escondido, lo estoy mirando.
Tardes románticas tras la ventana.
Este río me atrae y me lleva
Pero no me importa:
Ya sé que eres tú y que yo podría ser como tú,
Y eso me basta, amigo, de verdad.
Sin relación, amigo en al belleza,
en la locura. Amigo en no querer ser nada más.
En no querer saber de nada más.
¡Ay, no poder quedarme vivo en ti!
Sin hambre, sed ni sueño,
Porque no quiero verte sino serte.
Ser en ti yo, vivir yo en ti,
Yo mismo, siempre.
Y siempre igual, siempre distinto,
Repetido y sin guía, siempre.

El hombre debería poder ser lo que desea.
Debería ser en la medida de su ilusión y deseo.
Entonces yo sería tú, que eres tú mismo.
Que eres lo deseado del total deseo.

El cuarto era pobre y ordinario,
oculto encima de la equívoca taberna.
Por la ventana se veía la calleja estrecha y sucia.
Desde abajo llegaban las voces de unos cuantos obreros
que se divertían jugando a cartas.

Y allí sobre el vulgar y humilde lecho
fue mío el cuerpo de amor,
y poseí los labios, voluptuosos y rosados,
de una embriaguez tal que,
incluso ahora al escribir
- ¡después de tantos años! –
en mi casa tan sola,
me embriago una vez más.



 Gerardo Ciego



Poemas frankensteins

Ante todo: perdón por la tardanza. Septiembre es un mes que provoca dilaciones. Ya sabéis, exámenes y esas cosas... pero, por fin, aquí os dejamos el resultado del trabajo de este último mes leyendo, releyendo, conjugando versos ajenos hasta conseguir un sentir propio...
Como siempre, dar las gracias a los valientes que se atreven, con nosotras, a jugar a la poesía: Gerardo Ciego, muchas gracias por tu colaboración, de verdad, ¡muchas gracias!
Y sin más dilación aquí os dejamos los poemas.
¡Pasen y lean!