No sé qué hacer con este cuerpo mío,
sólo a mí se parece cuando besa.
Corro mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
recién peinada.
Quiero tomar de ti lo que más amo,
pues me sacaste la desesperación
que amenazaba con romperme los sentidos.
Las coplas enlazadas
ciñeron un collar a mi garganta
y hay un oscuro llanto que no suena.
Suena la soledad de dios.
Sentimos la soledad de dos,
luchando cuerpo a cuerpo con la muerte.
Esto es ser hombre:
horror a manos llenas.
Doña Inés Toxicológica
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